Cinco casas y lo que nos une a cada una

Desde la masía del Pati no se ve ningún pueblo. Se ven casas: Capdevila en lo alto, Casteió al otro lado del río, Canemars y les Eres en el valle, Pradell al lado. Cinco casas repartidas por el bosque, a las que desde aquí se llega antes que a Borredà.

Esta página no es la historia de esas casas, que no nos pertenece contar. Es lo que nos une a cada una: un camino que se arregla entre todos, un vecino que sube a avisar, un caballo que nos guardaban, tres hermanos a los que íbamos a ver cada verano. Vistas de una en una son anécdotas; juntas son la forma que tenía de funcionar un valle sin pueblo.

Casi todo lo que sigue lo cuenta Conxita Gomis Bartomeus, madre de quien firma esta página, que vivió aquí y que en 2026 grabó hora y media de recuerdos. Lo que aporta una ficha oficial va dicho y citado al final.

Y hay algo que las ata a todas, aunque hoy no lo diga nada sobre el terreno: estas casas pertenecían a una parroquia que ya no existe, Santa Magdalena de Guardiolans, documentada desde el año 996. No eran casas sueltas en el bosque: eran un vecindario con iglesia propia. La iglesia sigue en pie, en el término de Vilada, en un estado que la bibliografía describe como de degradación continuada.

Texto preparado por Josep Heras Gomis, copropietario de la masía del Pati de Borredà, a partir de las grabaciones familiares y de las fuentes citadas al pie. Última revisión: octubre de 2026.

Acceso al camino que sube desde la carretera de Vilada a Borredà hacia El Pati y Capdevila

El arranque del camino desde la carretera. Es el mismo para El Pati y para Capdevila.

Capdevila: el camino que se arregla entre todos

Capdevila es la casa de arriba, la grande, y es de la que menos cosas hay que contar: no ha habido mucho trato. Lo que sí hay, y dura, es un camino.

El acceso desde la carretera de Vilada a Borredà es uno solo y sirve para las dos casas. No es de una sola propiedad: va cruzando fincas de distintos dueños hasta llegar arriba. Se arregla y se mejora entre todos los que lo usan, y nunca ha hecho falta nada más que ponerse de acuerdo.

Dicho sin ceremonia, es una de las cosas que mejor explican cómo funciona esto: no hay ayuntamiento que suba a tapar un bache. El acuerdo entre cuatro casas es toda la administración que hay.

De Capdevila, por lo demás, hablamos largo en otro sitio, porque El Pati se construyó dentro de su heredad y las dos casas comparten origen.

La historia de El Pati y Capdevila

Casteió: las chicas que bajaban a la fábrica

Casteió es la casa de lo alto del cerro, al otro lado del Mergançol. Se ve desde El Pati, y desde Casteió se veía la mesa del jardín de El Pati. Hoy está en ruinas.

La historia la contaba Maria Elisa Heras Heras, la tía. Los padres de Casteió dejaron la casa al heredero, como se hacía. Él tenía hermanas: dos, tres o cuatro, que de eso ya no hay certeza. Y como la casa no daba para tantas bocas, a las hermanas las pusieron a trabajar en la fábrica de Borredà: «en Borredà había una fabriquita».

Lo que viene después son cuatro datos sin adorno:

  • Salían de casa a las cinco de la mañana. La fábrica abría a las seis.
  • Bajaban a pie, desde lo alto del cerro hasta el pueblo, cada día.
  • Al mediodía volvían a casa, cuesta arriba.
  • Iban de noche cerrada, sin más luz que la de la luna.

Conxita lo mide con lo único que tiene a mano: «nosotros, a Borredà, todavía en coche, teníamos unos cinco minutos. Imagínate a pie.»

Y entonces llegaba la fiesta mayor

Por la Mare de Déu de agosto había baile en la plaza de Borredà, y las chicas bajaban arregladas, con zapatos de medio tacón. Y el pueblo, como todos los pueblos de entonces, estaba empedrado con adoquines, hecho para los machos de carga y no para los tacones.

Así que las chicas se enfadaban y protestaban de que el pueblo estaba fatal, que no se podía caminar.

«Y las tías reían y se reían, pero decían: ¡pero si caminan, bajan por caminos de cabras, estas chicas! Y ahora venían a Borredà, que estaba adoquinado y bien. Y entonces, quizá por hacerse un poco las chicas más interesantes, refunfuñaban del pueblo.»

Conxita Gomis Bartomeus, grabada en 2026

Es mejor que una queja. Son cuatro chicas que bajan por un camino de cabras seis días a la semana y que, el día de la fiesta mayor, se hacen las finas quejándose del pavimento de la plaza. Y las tías, que lo saben, callando y riendo.

Cómo acaba, no se sabe: «se debieron de ir a casar y desaparecieron; la historia, yo la sé hasta aquí».

El día que se perdieron volviendo

Se veían las dos casas, pero no había camino entre ellas. Un día de verano subieron Conxita y su madre, siguiendo una pista de carro de las que se hacían para sacar leña con el mulo, que iba en zigzag. Arriba encontraron la casa medio derruida, el pozo y hierbas por todas partes, orégano y tomillo, sin recoger: «como no subía la gente, tampoco estaba cogido, era como muy salvaje».

Volviendo tiraron por otro lado y se perdieron. Lo que las asustó no fue el bosque: fue el silencio. Se orientaron buscando el ruido de la carretera.

Años después volvieron con los niños y marcaron el camino con pintura, y durante un tiempo eso sirvió para llegar. Hoy ya no hace falta: hay una pista de taladores que llega casi hasta la casa.

Lo que sí se ha perdido es la vista. Las dos casas se miraban: desde El Pati se veía Casteió en lo alto, y desde Casteió se distinguía la mesa del jardín de El Pati. Hoy, entre las dos, unos pinos que entonces eran pequeños se han hecho grandes y han cerrado el hueco. Esta fotografía está tomada desde El Pati, mirando hacia donde está la casa.

Vista desde la masía El Pati hacia el cerro de Casteió, hoy tapada por los pinos

La vista desde El Pati hacia Casteió. La casa está detrás de esos pinos.

Casteió es propiedad privada y está en ruinas, con todo lo que eso significa: suelos que no aguantan, muros que ceden y pozo abierto. No damos indicaciones para llegar y no recomendamos entrar.

Canemars: los tres hermanos

Canemars es una masía grande del siglo XVIII, de estructura clásica, con un balcón de madera doble sostenido por un pilar y tres arcos rebajados en la planta baja. Al lado tiene una pallissa de las buenas. Está inventariada en el Mapa de Patrimoni Cultural de la Diputació de Barcelona con el número IPA 3178, y la ficha la sitúa en la antigua parroquia de Santa Magdalena de Guardiolans.

Pero lo que recordamos de Canemars no es la casa, son los masoveros: tres hermanos a los que conocíamos. La Montserrat cuidaba de la casa, el Pep llevaba los rebaños y el Jaume cortaba bosque. Entre los tres sacaban adelante una masía entera.

Dicho así parece un reparto de tareas, y era otra cosa: significaba que los tres hermanos apenas se veían. El Pep salía con el ganado, el Jaume se iba al bosque y la Montserrat se quedaba en la casa. Sola, y durante días enteros sin nadie con quien hablar.

Cada verano subíamos a verla, y se ponía muy contenta. Y lo que nos decía es que le costaba hablar. No que no quisiera: que le costaba, como si se le estuviera olvidando. Hablaba con nosotros cuando íbamos, y algunos domingos cuando iba a misa.

Es lo que había en estas casas antes de que hubiera coche y carretera: una mujer que sacaba adelante una masía entera y que pasaba semanas sin tener con quién hablar. Por eso aquella visita de verano de los vecinos de abajo no era una visita de cortesía.

De esa misma casa dependía un molino propio, el Molí de Canemars (IPA 3179), construido hacia mediados o finales del siglo XVIII junto al Torrent Gran, cerca de donde se junta con el Mergançol. Molía para Canemars y probablemente para las casas de alrededor. Hoy está hundido: sólo queda parte del carcabà y el primer piso. Si os interesan, hay nueve molinos más en el Mergançol.

Les Eres de Guardiolans: el caballo Llamp

Les Eres es la casa que linda con El Pati por poniente, ya en el término de Vilada. Es la más antigua de todas las que se ven desde aquí: está documentada desde el siglo XIV (IPA 3730), tiene unos 400 m² por planta en tres alturas, espacios abovedados en la planta baja, porches con arcadas, pajares, establos y era.

Tiene también capilla propia, barroca, con la fecha de 1637 grabada en el dintel y un campanario de espadaña de dos aberturas. Antes de la guerra civil guardaba un retablo barroco y cuadros de Antoni Viladomat, que ya no están.

De la familia se sabe el relevo entero: en 1443 Francina de les Eres se casa con Bernat de Merola; en el siglo XVI la casa pasa a llamarse Comelles; en el XIX emparenta con los Anglerill d'Olvan.

Y lo que nos unía a ella era mucho más modesto que todo eso: una cuadra. En les Eres tenían cuadra de caballos y los guardaban a quien lo necesitara. Allí teníamos el nuestro. Se llamaba Llamp, que en catalán quiere decir rayo.

Y acabó mal. Llamp se escapó de la cuadra, le dio una coz a un enjambre de abejas y murió de las picaduras.

Fuimos a verlo en sus últimos momentos. Nos regaló unas lágrimas de despedida.

Es la única historia de esta página que no sale de las grabaciones de mi madre: esta la vi yo.

De las cinco casas, les Eres es la única que además de contar su historia la abre: es alojamiento rural registrado, con número PCC-000013, seis habitaciones y quince plazas. Lo decimos porque esta página se sostiene sobre contar las cosas como son, y callar que el vecino también alquila sería la única cosa que la desmentiría.

Pradell: el vecino que subía a avisar

El señor Pradell era un hombre mayor que había estado allí toda la vida, en la casa que linda con la heredad de Capdevila por poniente. Era el vecino en el sentido antiguo de la palabra: el que está, y que por estar sirve de algo.

Aquí las tormentas eran otra cosa. Conxita lo cuenta así: «hacía unos temporales de rayos y truenos que parecía que se lo llevaba todo». Ella metía a los niños dentro del coche, porque había oído que dentro de un coche no caen los rayos.

Un día un rayo tiró un árbol en mitad del camino. El señor Pradell subió a pie desde su casa hasta la nuestra, a avisar y a ver si estábamos todos bien. Llegó con las botas embarradas hasta las rodillas. Mi padre no estaba, y lo que le dijo a mi madre es exactamente lo que explica para qué sirve un vecino:

«Corre, dile a tu marido cuando venga, que baje al camino, que los rayos han tirado un árbol y está en medio del camino y los abuelos no podrán subir.»

El señor Pradell, en el recuerdo de Conxita Gomis Bartomeus

No llamó por teléfono, porque no había. Hizo el camino.

La masía Pradell vista desde el camino de El Pati, en Borredà, con la sierra entre nieblas al fondo

Pradell, visto desde nuestro camino.

Hay otra cosa de aquellos años que conviene no perder: cómo se preveía el tiempo sin televisión. Se salía después de comer, se miraban las montañas para ver si se habían oscurecido y se recordaba qué había hecho el año anterior por las mismas fechas. Y en esta casa la que no se equivocaba casi nunca era ella.

Un septiembre, en plena temporada de setas, avisó a un primo muy excursionista y muy entendido: «lloverá, no os vayáis». Lo decía porque llevaba días viendo las nubes cargarse siempre en el mismo sitio. El primo se rió y se fue. Volvió al cabo de una hora, calado.

Todas son casas privadas

Conviene decirlo claro, porque esta página cuenta historias y las historias dan ganas de ir a ver. Ninguna de estas casas es un monumento visitable. Capdevila, Canemars y Pradell son viviendas particulares; Casteió es una ruina peligrosa, con suelos hundidos y pozo abierto. No hay senderos señalizados que lleven a ellas y el terreno es privado. A les Eres sí se puede ir, pero como huésped y reservando con ellos, no como quien visita un edificio histórico.

Lo que sí se puede recorrer libremente es el valle en el que están, y de eso va la página del entorno de Borredà: los gorgs del Mergançol, los molinos y puentes del mismo río y la Serra de Picancel.

Si queréis conocer este valle desde dentro, en la nuestra se puede dormir:

Ver la masía El Pati

Preguntas frecuentes sobre las masías vecinas de El Pati

¿Qué masías hay alrededor de El Pati?

Cinco: Capdevila, justo encima y dentro de cuya heredad se construyó El Pati; Casteió, en lo alto del cerro al otro lado del Mergançol, hoy en ruinas; Canemars, masía del siglo XVIII inventariada como IPA 3178; les Eres de Guardiolans, documentada desde el siglo XIV, ya en el término de Vilada; y Pradell, que linda con Capdevila por poniente.

¿Se pueden visitar?

Como monumento, no: Capdevila, Canemars y Pradell son viviendas particulares y Casteió es una ruina peligrosa, con suelos hundidos y pozo abierto. No hay senderos señalizados que lleven a ellas, el terreno es privado y no damos indicaciones de acceso. La excepción es les Eres de Guardiolans, que es alojamiento rural y se puede visitar alojándose en ella.

¿Por qué estas casas están tan separadas unas de otras?

Porque son masías, no un pueblo: cada casa estaba en medio de su propia tierra. Lo que las agrupaba era la parroquia, en este caso Santa Magdalena de Guardiolans, documentada desde el año 996 y hoy desaparecida como tal. La iglesia sigue en pie en el término de Vilada.

¿De quién es el camino que sube a El Pati?

No es de una sola propiedad: va cruzando fincas de distintos dueños. Lo arreglan y lo mejoran entre todos los que lo utilizan, de acuerdo entre las casas, sin que haga falta nada escrito.

¿Qué era la fábrica de Borredà?

Una fábrica pequeña del pueblo donde trabajaron las hermanas del heredero de Casteió. Salían de casa a las cinco de la mañana para entrar a las seis, bajaban a pie desde lo alto del cerro y volvían a mediodía cuesta arriba. Es la parte más concreta de todo lo que se cuenta aquí.

¿Se escribe Casteió o Castelló?

En casa siempre se ha dicho Casteió, y así lo recogemos. Son el mismo nombre, y las fuentes oficiales y los mapas pueden usar la otra forma, por lo que conviene buscar las dos.

Fuentes

  • Grabaciones de Conxita Gomis Bartomeus, 2026, conservadas por la familia. De ellas proceden las historias de Casteió, del señor Pradell y de las tormentas, y las citas textuales de esta página.
  • Mapa de Patrimoni Cultural de la Diputació de Barcelona, ficha de Canemars, Borredà (IPA 3178, ficha 08024-43): masía del siglo XVIII en la antigua parroquia de Santa Magdalena de Guardiolans.
  • Mapa de Patrimoni Cultural de la Diputació de Barcelona, ficha del Molí de Canemars, Borredà (IPA 3179): molino harinero del siglo XVIII junto al Torrent Gran, hoy hundido.
  • Mapa de Patrimoni Cultural de la Diputació de Barcelona, ficha de les Eres de Gardilans, Vilada (IPA 3730, ficha 08299-6): masía documentada desde el siglo XIV, sucesión de propietarios y capilla familiar.
  • Documentación patrimonial sobre la capilla de les Eres de Guardiolans: fecha de 1637 en el dintel, campanario de espadaña de dos aberturas, retablo barroco y cuadros de Antoni Viladomat anteriores a la guerra. Las fuentes discrepan sobre su advocación.
  • Enciclopèdia Catalana, Santa Magdalena de Guardiolans o de Gardilans (Vilada): mención del lugar en 996, cita de la iglesia en el acta de consagración de la Seu d'Urgell de 1001, condición de parroquia en 1227 y estado actual.
  • Escritura de la heredad de Capdevila, que fija el mas Pradell como lindero de poniente.
  • Directorio de alojamientos del Consell Comarcal del Berguedà, ficha de les Eres de Guardiolans: agroturismo con registro PCC-000013, seis habitaciones y quince plazas.
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